El paso de los años es sutil, o al menos resulta así al principio. Luego se revela en pequeños detalles, primero son los colectiveros o choferes de micro, que de un momento a otro dejan de tutearte, para comenzar a llamarte "joven" Permaneces en este estatus durante unos cuantos años, todo depende de cuan "jovial" se mantenga tu apariencia. Una alimentación sana, lejos del tabaco y el trasnoche puede contribuir a ello, aunque a mi modo de ver el precio a pagar por jugar al Dorian Gray es muy alto.
Luego, pasas al siguiente nivel. Suele ocurrir de improviso y probablemente no lo viste venir, pero llega el momento en que el condescendiente joven es reemplazado por un respetuoso señor o caballero. La primera vez que escuchas estas palabras te pueden parecer chocantes, pero eventualmente las asumes. Además la evidencia física no te deja otra alternativa. Tu frente empieza a ralear y algunos pelos sueltos yacen en forma cada vez más abundante sobre la almohada al despertar. También puede ser que algunas canas tiñan tu cabello y de no ser por las fotos viejas no recordarías su color original. Las patas de gallo tampoco son fáciles de ignorar. Pero al final la mayoría somos capaces de enfrentarlo con cierta dignidad.
Sin embargo, a veces la realidad puede abofetearte el rostro demasiado fuerte. No importa cuan asumida tengas tu edad. Es cierto, ya tengo 35 años, pero no por eso tengo que aguantar que un escolar se levante para cederme el asiento en la micro. Que suerte la mía, toparme con el único mocoso de buenos modales de todo Puerto Montt.



Grande Marcelo!!!!!!!