
Esta última semana recibí decenas de correos electrónicos, todos con el mismo remitente: Facebook. ¿Por qué? Mi viejo conocido -y nunca bien ponderado- Andrés Palma subió fotos de nuestra época universitaria en Valdivia. Una buena parte de nuestros ex compañeros de cursos atiborraron de comentarios y recuerdos cada una de la imágenes, en algunas de las cuales yo estaba etiquetado. Como consecuencia, mi e-mail casi colapsó.
Fue así como me encontré frente a esta imagen de 1991 y me resulté casi irreconocible. Estaba en los últimos meses de mis 19 años. Tenía más cabello, una visión ácida de la vida y pesaba apenas 54 kilos. No olvidemos un caracter malhumorado y la carencia absoluta de filtro al momento de emitir mis opiniones... disparaba sin medir, y sin importarme, las consecuencias... Casi lo olvido, necesitaba con urgencia un "fashion emergency"... aunque nunca me he caracterizado por poseer un aguzado sentido de la moda, creo que esa época fue particularmente negra para mí.
Me veo ahora y me encuentro con un hombre que tiene mucho menos cabello, más arrugas y cuyo peso bordea los 70 kilos y aún así me veo delgado (era patológicamente flaco). Veo a un hombre que descubrió que la vida no era tan oscura, ni tan amarga. Un hombre con mejor sentido del humor, aunque no ha perdido su visión ácida de varios aspectos de la vida (el filtro sigue siendo tema para mí).
Me veo antes, me veo ahora. En mi decisión no existe la menor sombra de duda, me quedo con el ahora.



En verdad dicen que ahora es lo que verdaderamente debe importar.
Eres Periodista es un bonito oficio te felicito.
Saludos