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    Mi Encuentro con el Más Allá

    Enviado por Marcelo Vera el 22/03/2008 a las 14:54
    Marcelo Vera

    Algunos de los mejores recuerdos de mi vida están relacionados con mi Abuelo, Luis Salinas. Una de las personas más vitales que haya conocido. Por ese mismo motivo me tenía prohibido llamarle abuelito o tata, porque consideraba que tales apelativos estaban reservados para personas que se encontraban en franca decadencia física... Todo lo contrario de él, un hombre que durante largos años fue voluntario de la Cuarta Compañía de Bomberos de Puerto Montt.

    Todo cambió de un día para otro. Cuando mi Abuelo se levantó a trabajar aquella mañana, jamás imaginó que se iba ver enfrentado a una situación extrema que definiría el resto de sus días

    Como siempre, se sentó frente al volante de su Taxi y se dirigió al Terminal de Buses para tomar pasajeros. En aquella época -principios de los 90- no era un gran negocio ser taxista, porque las personas preferían viajar en taxis colectivos. Supongo entonces que mi Abuelo creyó que sería una buena jornada cuando estos tipos se subieron a su auto y le pidieron que los llevara a una dirección algo alejada.

    En algún momento del viaje sacan un revolver y apoyan el cañón del arma contra su cabeza. Lo obligan a salir de los límites de la ciudad hasta un camino rural no muy transitado. Hicieron que se apeara del vehículo y lo amarraron a un árbol. Fue en ese momento que mi Abuelo pensó que lo iban a asesinar, al igual que había ocurrido con muchos de sus colegas a lo largo del país. En vez de eso, se marcharon dejándolo atado.

    El estrés de la situación fue demasiado fuerte y su salud se resintió. Desarrolló una afección cardíaca y de pronto, ese hombre lleno de vitalidad, perdió toda su energía. Se cansaba fácilmente con sólo caminar unos cuantos metros, ni hablar de subir una escalera. Para un hombre como él, esta era una situación inaceptable. Por ello tomó la decisión de someterse a una operación de by-pass en Santiago... murió producto de una infección intrahospitalaria.

    Yo estudiaba en Valdivia y tuve que viajar a Puerto Montt para el funeral. La distancia que separa ambas ciudades se recorre en bus en apenas tres horas. Sin embargo, lo recuerdo como uno de los viajes más largos que haya realizado.

    Cuando volví a la Universidad, mi vida retomó su cauce normal, excepto por las noches. Comencé a dormir mal, a sobresaltos y con pesadillas constantes. Pensaba mucho en mi Abuelo en aquel entonces, y en las cosas que me habría gustado decirle. Éstas imágenes colmaban mis sueños. Pensé que la situación mejoraría, pero derivó en una escalada de pesadillas peores.

    A lo largo de la noche despertaba varias veces. De algún modo sentía que había alguien conmigo en el dormitorio. Comencé a sentir miedo. Cada vez que despertaba no abría los ojos hasta que mi mano alcanzaba el interruptor de la lámpara y encendía la luz. Pasé un par de semanas horribles por la falta de sueño.

    En mi pieza había un escritorio que se encontraba al lado de la cama, de tal modo que yo podía levantarme y tomar la silla para trabajar para empezar a trabajar. Pero de pronto comencé a notar que cada vez que despertaba la silla estaba girada, apuntando hacia mí, como si alguien se sentase en ella y me viese dormir. Fue entonces que empecé a sospechar de mis compañeros de pensión, que de algún modo estaban tratando de jugarme una broma pesada... los hechos demostrarían que estaba equivocado.

    Una mañana, me iba a la Universidad cuando la tía Sonia -la dueña de la pensión- me atajó justo cuando pasaba frente a la cocina.


    -Marcelo. ¿Te puedo hacer una pregunta?.

    -Claro, dígame.

    -¿Tú le rezas a tu abuelo?.

    A mi mente vinieron las palabras que le dirigía en las noches.

    -ehhhh... podría decirse que sí.

    -ah, entonces es él quien te viene a ver en las noches.






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    Marcelo E. Vera Salinas

    Periodista. Vine al mundo en Puerto Montt (Chile) durante noviembre de 1971, tras un trabajo de parto de 12 horas.
     
    Me gusta escribir y había perdido un poco la práctica porque últimamente me he enfocado en un área de mi profesión que no requiere esta habilidad. Por ello cree este espacio, para expresarme y practicar un talento que no quiero perder.
     
    Últimamente he descubierto el mundo de los blogs y las redes sociales, y me ha resultado bastante interesante. 

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